Emaús.
Acto I - Escena II

D. J.: -¿Cómo? ¿Quiéres que uno se ligue duraderamente al primer objeto que nos prenda, que por él se renuncie al mundo y no se tengan ojos para nadie más? ¡Buena cosa picarse del falso honor de ser fiel, de sepulcrarse para siempre en una pasión y morir, desde la juventud, a todas las otras beldades que pueden impresionarnos los ojos! No, no: la constancia no es buena sino para ridículos.

Dos juicios críticos.

Una mente envilecida es también señal de una elevada naturaleza, porque una persona con el alma envilecida no solo resulta insatisfecha con la gente, sino también consigo misma. La gente adocenada siempre está satisfecha de sí misma. (…) El desencanto de la vida, de la gente, en sí mismo (…) es propio de la gente que por desear “lo mucho” no se satisface con “nada”.

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(…) Si en la elección del amor de decidiese solo con la voluntad y la razón, entonces el amor no sería sentimiento y pasión. 

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-Bueno… -dijo Chick-, yo le pregunté si le gustaba Jean-Pol Partre y ella me contestó que coleccionaba sus obras… Entonces yo le dije “yo también”, y cada vez que yo le decía algo ella contestaba “yo también”, y viceversa… Entonces, al final, para hacer un experimento existencialista, le dije: “te quiero mucho”, y ella dijo “Oh!”.

-El experimento falló -dijo C. 

-Sí -dijo Chick -pero de todas formas no se marchó.

Sofía Andreyevna

Yo sabía que no duraría. De todas las mujeres de su vida sólo he durado yo. No pudieron vencerme, y no me vencerán.

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