Viaje sentimental.
De mal en peor.

¡A los tontos no hay más remedio que enseñarles!… ¡Si no se les enseña no dejan dar un paso a los demás!

La dama del perrito.

G. pensaba en que, bien considerado, todo en el mundo era maravilloso… ¡Y todo lo era, en efecto…, excepto lo que nosotros pensamos y hacemos cuando nos olvidamos del alto destino de nuestro ser y de la propia dignidad humana! 

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Son los otros quienes definen nuestra desesperación, a nosotros no nos queda otra cosa que aceptarla y dejar libre una amargura largamente ensayada.

 

Como decía J. M., la vida no era tan prolija como la literatura.

[…]Por donde miraban no encontraban más que distancias entre los dos, y eso mismo, el empecinamiento de esa insistencia, los mantenía juntos. Que todo se resquebrajara a su alrededor era la garantía de lo imprescindible que era el uno para el otro. Él le había dicho que nadie ama a quien no considera capaz de hacerlo infeliz. Porque si el desamor de la persona amada es incapaz de hacernos infelices, ¿cómo creer entonces en su amor?

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Pero toda sinceridad arrastra su propio límite, ¿qué quiere decir ser sincero consigo mismo sino buscar el modo de ser franco sin herirse demasiado? Partiendo de allí, la sinceridad apenas consigue ser honesta. 

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