Viaje sentimental.
Prólogo.

Supongo que a cada quien le corresponde su milagro. 

La mesa de trabajo II

Es hermoso perder la propia personalidad, olvidar tu apellido, las costumbres, inventar un personaje cualquiera e identificarse con él. Si no fuese por la mesa de escribir y el trabajo nunca más habría vuelto a ser V. S. 

La mesa de trabajo.

Naturalmente no me arrepiento de haber besado y comido y visto el sol; siento haberme acercado y haber querido dirigir un poco el curso de las cosas, mientras todo seguía un itinerario precedentemente establecido. 

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No he sido nada más que una piedra que al caer puede encender un farol para ver dónde va a parar.

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